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PRIMERAS FERIAS: QUE SÍ, PERO QUE NO.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Teseo Comunicación

Me sorprende (es un decir) la magnanimidad con la que se ha valorado la composición de las primeras ferias del año, para lo cual no se ha reparado en rimbombantes elogios no siempre fáciles de argumentar. A veces la hipocresía se ha llevado al extremo de lo ridículo por un banner de publicidad, a modo de venda en los ojos. Nada nuevo, por otra parte.

 

OLIVENZA: QUERER Y NO PODER.

Hace dos meses me  encontré a Cutiño en la calle y me habló, muy ilusionado, de las nuevas ideas que tenía para Olivenza y de la renovación que pretendía acometer en las combinaciones. Se ve que no le han dejado: el primer torero que me nombró no aparece por ninguna parte.

La Feria de Olivenza existe desde principios de los años 90 gracias a la afición, al trabajo y a la inteligencia de José Cutiño, pero si aquel proyecto lo hubiera iniciado de la mano de uno de los gerifaltes de la Fiesta, el invento hubiera durado 5 minutos. Por fortuna su socio por aquel entonces, Joaquín Domíguez, tenía la misma filosofía que Cutiño: ganar el dinero a partir de la taquilla, no de los trapicheos. Hoy, abducido por el grupo Bailleres, Cutiño sigue presentando la feria pero en su diseño intervienen otros que mandan más que él, y que muchas veces anteponen sus intereses a los del público. Una pena, pues tales intereses deberían ser los mismos.

 

CASTELLÓN Y EL HOMBRE INVISIBLE

Una de las escenas más absurdas del negocio taurino, y fiel reflejo de cómo funciona, es la del acto de presentación de algunas ferias, en el que da la cara un señor que en realidad ni pincha ni corta. Lo más chusco que he conocido al respecto sucedió el día que pillaron presentando una feria de pueblo al mismo pluriempleado que en otra plaza vendía las cocacolas y sacaba los toreros a hombros. Imagínense de qué siniestro personaje era mayordomo este buen hombre…

Sin pretender hacer comparaciones el caso es que la Feria de Castellón fue presentada por Alberto Ramírez (que por supuesto no es criado de nadie) si bien yo juraría que ha delegado en Antonio Matilla, el hombre invisible, la confección de los carteles. ¿Podría alguien explicar, de no ser así, que El Fandi remate el cartel de la corrida de Juan Pedro Domecq en vez de, por ejemplo, Diego Urdiales? ¿Puede haber actualmente una feria, una sola, en la que El Cid o López Simón tengan más interés que el ausente Emilio de Justo? En la Feria de Castellón hay magníficos carteles y el regreso a la normalidad en el asunto Diego Ventura, pero en esos detalles que les apunto el hedor del oligopolio se torna ciertamente insoportable.

 

NOS QUEDA SIMÓN, AUNQUE SEA DE VEZ EN CUANDO

Al margen de los hermanos Lozano, Simón Casas es el único cabecilla del Toreo del que podemos esperar algo brillante. El cartel del Domingo de Resurrección en Madrid es una preciosidad, y a Las Fallas, una feria con buena dosis de intercambio de cromos, van también excelentes toreros (como Jiménez Fortes o Pablo Aguado) que no forman parte del lote de “empleados” que ni él, ni sus iguales, recluta para la causa del acaparamiento de comisiones. Además, ha sido el único que ha tenido la vergüenza de contratar a Diego Urdiales después de las 6 orejas que sumó entre Bilbao y Madrid, hecho que, tal y como están las cosas, casi hay que agradecer.

Simón es distinto al resto, por mucho que haya que aguantar sus ya patológicas incoherencias, tales como la de autoproclamarse revolucionario y contrario al apoderamiento de toreros por parte de los empresarios, y tener bajo su tutela las carreras de Sebastián Castella, Lea Vicens y, ahora, Toñete, lo cual ha disparado la rumorología acerca de los beneficios colaterales que ello le ha generado. No a Toñete, sino a Simón…

Volviendo al joven matador, que parece un hombre sensato y educado, le están dando en las redes sociales fuerte y flojo, no por ser hijo de quien es, sino por las ventajas que tal parentesco parece generarle. ¿Qué así es la vida? En efecto. ¿Que hay derecho a opinar sobre el asunto? Faltaría más.  Y en este sentido los toreros deberían comprender que muchas veces la crítica no es hacia ellos, sino al sistema que les envuelve. En pocos meses, no obstante, Toñete tiene la posibilidad de ser eso, Toñete, y no el hijo de Antonio Catalán. El toro (ese toro que tanto cuesta que le salga a otros) tiene la palabra. Suerte.

 

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