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A GOLPE DE CORAZÓN

Por Álvaro Acevedo / Foto: Teseo Comunicación.

Madrid se entrega incondicionalmente al apasionado toreo de Paco Ureña, que sale por la Puerta Grande.

La plaza más dura del mundo sucumbía ante su triste figura, marcada por el drama, con grietas hasta en el alma. La vida le destinó primero una larga espera, años de ostracismo, y luego, cuando a golpe de naturales pudo abrir las primeras puertas, la tragedia lo señaló para los restos. Pero el toreo es un sentimiento demasiado profundo para Paco Ureña, y nada le apartaría de perseguir sus sueños. Fue hoy, pero podría haber esperado toda la vida.

La fortuna le deparó dos toros bravos de Victoriano del Río: el primero, con una clase descomunal; y el segundo, con temple, fijeza y ritmo. Como fogonazos, quedan los retales de sus dos caóticas e irrepetibles faenas: esos lances mecidos; los redondos arrebujados; los de pecho interminables; los naturales por Juan Belmonte; aquel sublime pase del desprecio; sus estatuarios suaves; el trincherazo dormido… La hondura, el ajuste, la pasión, la entrega, la pureza, lo barroco, las caricias con el toro y las penas de por dentro. Y al final, esa sonrisa melancólica que arrincona tantas lágrimas.

Por su mala cabeza estrelló contra las tablas a su primero en un incomprensible inicio sentado en el estribo; se dejó después voltear por ese toro que era magnífico; no le dio apenas respiro cuando la entrega y galope del animal desde el primer momento así lo requería; o fue incapaz de cuajar una tanda de seis muletazos limpios, largos y ligados al sexto de la tarde, otro animal excelente al que lidió con una costilla rota tras salir de la enfermería.

Porque Paco Ureña no piensa en la cara del toro. Afortunadamente, pues de lo contrario no podría torear con esa pasión tan maravillosa como ingobernable. Y así, entregado a este rito antiguo, hizo temblar los cimientos de Las Ventas con una tauromaquia de sentimiento desbordado, desgarradora, doliente, estremecedora, única. Un Sebastián Castella anquilosado y un Roca Rey al que ya miden como primera figura del toreo, fueron testigos de la apoteósica salida por la Puerta Grande de Paco Ureña, un hombre que torea a golpe de corazón.

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