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AL FIN UNA REAPARICIÓN NO ANECDÓTICA…

Por Álvaro Acevedo / Foto: María Vázquez

Si ayer impactó en la Feria de Albacete el debutante José Fernando Molina con una extraordinaria actuación, hoy lo ha hecho Sergio Felipe, que reaparecía después de tres años inactivo, con un toreo de enorme aplomo, de pasmosa serenidad, de tremenda quietud, muy puro por su ajuste y por su trazo en redondo, y para colmo, maravillosamente personal. En efecto, he aquí el pequeño milagro: Sergio Felipe no se parece a nadie. Torea muy derecho, con cierto aire amanoletado, pero no tiene la rigidez que a veces acusan los toreros verticales. Abre el compás lo justo, arrastra la muleta desde el cite (una muleta demasiado pequeña para su altura, por cierto) y se pasa los toros muy cerca y sin retorcimientos. Los pies los entierra en la arena y le pisa el terreno a los novillos sin perder ni un segundo, y tampoco pierde tiempo gesticulando ante el público entre otras cosas porque no le hace falta: Sergio Felipe le pega los pases al toro, no a la gente.

Apuntó todo el toreo que lleva dentro en su primero, acalambrado de salida, noble pero muy sosito, y al que mató de estupenda estocada. Y se explayó en el cuarto, más serio y fuerte, con su punto de temperamento, y que lo cogió para reventarlo en una de las veces que el novillo volvió de la salida de un pase y se encontró los muslos del futuro torero. Dios quiso que no pasara nada, y el azar, que pinchara una faena soberbia, por sí sola de Puerta Grande. Da lo mismo: si a él le da la gana, saldrá por ella muchas veces.

Sergio Felipe se llevó la tarde de calle pese a la competencia que tenía a su lado. Toñete se despedía de novillero y tuvo un lote nulo: su primero, literalmente, no embistió; y su segundo, lo hizo muy mal. Y Francisco de Manuel, pletórico desde que empezó el año, se impuso a un novillo tardo y reservón (denominador común del bonito pero muy discreto encierro de El Cortijillo) y quizá las ansias de triunfar le jugaron una mala pasada con el sexto, noble, de más a menos, y al que le hizo cosas buenas sin acabar de redondear. El caso es que la tarde fue de Sergio Felipe, que consumó la primera reaparición no anecdótica de los últimos tiempos.

 

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