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ANDALUCÍA, COMO PRIMER PASO

(OPINIÓN)

Por Álvaro Acevedo. Foto: Luis Vega

La realidad es que lo denominan “plan de transición” cuando bien podrían llamarlo “papel mojado”; y que estos equilibristas del lenguaje anuncian la “nueva normalidad” cuando sería más lógico hablar de “cuento chino”, nunca mejor dicho lo de “chino”, y sobre todo lo de “cuento”. Sucede que al pueblo había que entretenerlo con algo y parece que nos lo hemos creído, como tantas otras cosas. Por desgracia, en un país donde aún se superan los dos millares de muertos a la semana, sin test que permitan establecer un censo real de la situación y con un personal sanitario – ¡a estas alturas! – sin el material necesario para desempeñar su labor con unas garantías razonables de seguridad, establecer un calendario para la desescalada solo puede tener un fin opiáceo. En efecto, redactar este cúmulo de inconcreciones sale más barato que repartir porros.

La nota previa a la descripción de las distintas fases bien nos puede ahorrar el trabajo de leerlas: “Estas medidas –comienza diciendo– son orientativas y no tienen carácter exhaustivo”. Traducido, salga usted a la calle y que sea lo que Dios quiera, entre otras cosas por la imposibilidad de hacer cumplir las normas en muchos de los casos: ¿Pondrán un policía en cada bar o en cada playa para que se mantenga la distancia de seguridad? ¿Nos meterán por salva sea la parte un sofisticado GPS para saber si salimos a hacer deporte una o dos veces al día? Hombre, por culo ya nos están dando hace tiempo, pero de otra manera.

Porque, en efecto, conciliar la viabilidad de los negocios con la salvaguarda de la salud pública es una entelequia. ¿Se llenarán los hoteles con ciudadanos de la propia provincia para no salir de las habitaciones? ¿Iremos a un restaurante con más mamparas que entrantes? ¿Es rentable una barra de bar con más camareros de un lado que clientes del otro? Podríamos seguir con más ejemplos hasta llegar al de los toros, con una persona por cada 9 men los tendidos, como si el que toreara fuera yo en vez de Roca Rey. La medición ha sido interpretada por algunos como una velada maniobra para aniquilar la tauromaquia, algo que le gustaría a los de PODEMOS, pero que ahora mismo no entra dentro de sus prioridades. Y digo más: si el sector taurino se organiza y anda listo (ambas cosas quizá sea demasiado pedir) tenemos una oportunidad única para, al fin, conquistar unos derechos que se nos han negado desde tiempos inmemoriales, en lo que ha supuesto un agravio comparativo brutal con respecto al resto de actividades socioculturales.

El Gobierno, con una medida que además tiene una vigencia inicial de solamente dos semanas, no puede ni quiere acabar con los toros, igual que no quiere acabar con la restauración o el turismo. Solo se lava las manos con unas normas que, al final, tendrán que ser amoldadas por cada Comunidad Autónoma atendiendo a sus circunstancias, con el riesgo, eso sí, de cargar con la responsabilidad en caso de un hipotético empeoramiento de la situación. Son progres, pero no gilipollas.

Y al hilo de ello, tenemos a la Junta de Andalucía deseando apoyar a la Fiesta y dispuesta a buscar fórmulas para la celebración de festejos. Desde mi punto de vista, Andalucía sería el sitio perfecto para que la temporada volviera a arrancar. Primero con las novilladas de promoción de Canal Sur, en las que la entrada es gratuita y la financiación es pública; y después, con las empresas y toreros que de verdad estén dispuestos a dar el paso, sembrando para que luego todos puedan recoger. Los espectáculos a puerta cerrada son una auténtica aberración, un sinsentido que no debería consentirse bajo ningún punto de vista, salvo que queramos dañar todavía más la imagen de la Fiesta, pero las corridas con aforo limitado cumpliendo la distancia de seguridad (insisto en que la medida de los 9 m2 acaba el 30 de junio y en Andalucía incluso podría acabar antes) son perfectamente factibles si el calor termina de consolidar las cifras de la pandemia en el Sur.

El Consejero Elías Bendodo mantuvo hace días una reunión telemática con el sector y quedó el guante lanzado a la espera de propuestas. No soy muy optimista: mientras ves a gente deseando trabajar para remontar esta situación como, por ejemplo, José María Garzón; hay otros que, aprovechando la crisis, lloriquean por las esquinas con los bolsillos llenos de billetes, defienden una falsa autorregulación que les otorgue aún más poder y, ya de paso, pretenden hasta cargarse el Reglamento. O sea, lo particular por encima de lo general. Con gente así hemos llegado hasta aquí, y con estos mismos no vamos a ninguna parte.

 

 

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