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DEGENERANDO

(OPINIÓN)

Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez

A día 25 de febrero de 2021, que es jueves, los señores Rafael Garrido y Miguel Abellán se siguen burlando de todos nosotros, y no tienen lo que hay que tener para dar una rueda de prensa y someterse a las preguntas (en el caso de que el periodismo taurino exista) que les obligarían a rendir cuentas por el sabotaje que están perpetrando en contra de la Fiesta. PODEMOS y el PACMA –para que nos entendamos– no lo hubieran hecho mejor.

Sucede que una comparecencia conjunta entre el empresario de Las Ventas (excluyo a Simón Casas porque me huelo que manda menos que yo) y el director del Centro de Asuntos Taurinos (CAT) de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) ya supondría de por sí un escándalo, pues simbolizaría el vínculo que les une como responsables de dos dislates mayúsculos: uno, el tristísimo de tener a Las Ventas sin toros; y dos, el intolerable de que, como vergonzoso efecto colateral, la CAM esté impidiendo, de manera arbitraria y yo diría que cercana a la prevaricación, que se celebren festejos en el resto del territorio autonómico para así –pensarán ellos– no dejar en evidencia al coso venteño, sin importarles el terrible daño que le están haciendo a todo el sector.

Considero extraños –cuando no, peregrinos– los argumentos que aducen las partes para mantener cerrada la plaza de Las Ventas, básicamente que el edificio es viejo para cumplir los protocolos, y que el contrato que vincula a la empresa con la CAM hace inviable la apertura del coso. Primero, porque si se pueden celebrar festejos en plazas más que centenarias como Mérida, Huelva o El Puerto de Santa María, no habría de ser menos Madrid si hubiese un mínimo de voluntad, por mucho que unos informes periciales encargados por los propios empresarios pretendan convencernos de lo contrario. Y segundo, porque en un contrato público no cabe la anulación, pero sí la modificación de determinadas cláusulas si ello está justificado por una situación excepcional, como es obvio que sucede en este momento.

Pero aun siendo grave la postura de estos señores en lo que se refiere a la “primera plaza del mundo”, que sus miserables tentáculos se extiendan al resto de plazas madrileñas es ya incalificable e imposible de sostener.

Son flagrantes las diferencias con lo que sucede en otras comunidades autónomas como Andalucía, Castilla La Mancha, Castilla León o Extremadura, donde se han celebrado espectáculos taurinos con las limitaciones propias que exige la actual situación.

Asimismo, son injustificables los agravios comparativos con el teatro, la ópera, el cine, los conciertos de hasta 5.000 personas, los partidos de fútbol de categoría regional, los centros comerciales a pleno rendimiento y un largo etcétera de eventos y actividades que se están desarrollando en la Comunidad de Madrid.

Y por supuesto, fueron surrealistas las suspensiones de Miraflores de la Sierra, San Sebastián de los Reyes, Alcalá de Henares o Aranjuez, con restricciones que se iban endureciendo a medida que se acercaba el día del espectáculo, del 75% al 50%, y después a 600 personas, y finalmente, como sucedió en Aranjuez, llegando a suspender la corrida pese a que Carlos Zúñiga anunció que, gracias al apoyo de la televisión, estaba dispuesto a darla sin público.

Pero todo esto es aún más denigrante cuando al frente del CAT está un matador de toros que, aparte del desahogo del que hace gala al aceptar un cargo para el que a todas luces no está preparado, elude su responsabilidad primera y yo diría que única, que no es otra que la de la defensa de la tauromaquia. Y así, dedicado al taurineo más abyecto, deja pasar el tiempo sin ofrecer una sola explicación sobre lo que está sucediendo, y que se resume en el hecho objetivo de que la CAM tiene encadenada la tauromaquia en todo su territorio, y piensa seguir haciéndolo. Por eso Gonzalo Caballero (en principio, contratado para la Feria de Leganés) se cae de los carteles y se dedica a buscar otra plaza de otra comunidad autónoma para su reaparición, pues alguien –no hace falta ser muy listo para saber quién– le ha asegurado que en Leganés no va a haber toros.

Pese a que el periodismo taurino –con honrosas excepciones– está moribundo desde hace mucho tiempo y la presión ejercida ante semejante situación es irrisoria, no creo que desde la CAM sean capaces de mantener esta farsa por mucho más tiempo. Pero si lo hacen, el señor Miguel Abellán debería hacer caso de lo que le dijo públicamente Morante de la Puebla hace ahora seis meses, cuando se inició este secuestro todavía vigente. “Por vergüenza torera, debería dimitir”. Y si esto no es suficiente, habrá que recordarle entonces la frase de Juan Belmonte cuando le preguntaron cómo su banderillero Joaquín Miranda había pasado de torero de plata a gobernador civil, a lo que el Pasmo de Triana respondió: “degenerando”.

 

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