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Huelva y El Puerto (cuaderno de viaje)

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Por Álvaro Acevedo

En el primer fin de semana de agosto coincidieron la Feria de Colombinas de Huelva y las primeras corridas de la temporada de verano en El Puerto de Santa María. De regreso a casa, anoté estas conclusiones en mi cuaderno imaginario.

LO OÍDO
Del viernes, día en el que me fue imposible ir a ninguna de las dos plazas, tuve que pedir los vídeos pues ya me dijeron una vez que, de lo que me contaran, no me creyera nada, y de lo que viera, sólo la mitad. Una vez examinado el asunto,  puedo confirmar tres cosas.
1. Antonio Ferrera es de los cuatro o cinco toreros que se pueden ver ahora mismo. Su manera de torear, acompasada con la cintura y las muñecas, magistral en todos los tercios de la lidia, lo convierte tarde a tarde en el hombre de la temporada, por mucho que los mandarines del sistema lo tengan marginado en carteles de relleno y alejado de las figuras, no sea que moleste. Si un día se digna a hablar con nosotros, le preguntaremos qué le parece semejante tomadura de pelo.
2. Nunca demos por muerto a un gran torero, y Miguel Ángel Perera lo es, no sólo dentro, sino también fuera de la plaza,  cosa de la que no pueden presumir la mayoría de sus compañeros, agarrados a los pantalones de los empresarios.  Su actuación en Huelva fue inapelable,  y con cuatro orejas se convirtió en el gran triunfador del ciclo. El mensaje es muy simple. Mientras esté en pie, dará guerra.
3. La ganadería de Torrealta quizá sea de las mejores del momento, por mucho que le esté costando volver a las grandes plazas de primera categoría.  La corrida de Huelva fue completísima y tuvo tres toros magníficos. Los videos que circulan por las redes son de rozar el indulto. Enhorabuena a una casa ganadera en la que sobra lo que le falta a mucho taurino actual. Categoría.

LO VISTO
De lo visto el sábado y el domingo, con sendas corridas de Cuvillo muy desiguales en todo, extraemos estas conclusiones.
1. Alejandro Talavante anduvo sobrado y fácil con dos toros muy bravos, a los cuales pinchó por entrar a matar en la suerte contraria.  De acertar con la espada hubiera cortado dos orejas a un lote de cuatro. He aquí un extraordinario torero abducido por las comodidades del sistema. O sea, una verdadera lástima.
2. Cada uno a su estilo, Roca Rey y Ginés Marín tienen la responsabilidad de ocupar la primera fila del toreo en muy breve plazo de tiempo. Más atacado el peruano, pero entregándose a tope; y con más luces el extremeño, que se inventó dos toros a la contra por eso, porque es un torero excelente, ellos son parte del futuro de la Fiesta. Quizá no lo sepan, pero su responsabilidad es enorme.
3. La tarde protagonizada por Morante en el coso portuense fue maravillosa. Primero,  porque ver torear así con el capote, un capote que parece haber nacido en sus manos, es un privilegio que no sé yo si somos capaces de valorar en su justa medida. Una especie de milagro renovado cada tarde, casi en cada toro, casi en cada lance.
Y segundo, porque la lección de valor y  pulso, de aguante y temple, de sabiduría y pureza, desparramada en su magistral faena al cuarto de la tarde en El Puerto, un sobrero reservón de casi 600 kilos, nos reconcilió otra vez con este misterio llamado arte de torear. No hubo pellizco, no hubo detalles, no hubo adornos, no hubo orfebrería. Sólo toreo: auténtico toreo. Que algunos ni se enteraran entra dentro de lo normal, en esta época en la que conviven los peores aficionados, taurinos y periodistas de la historia de la Fiesta. Yo incluido, por supuesto.

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