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LOS ‘CEBADAS’ Y OTRO MEXICANO

(VILLASECA DE LA SAGRA)

Sendas orejas para Isiegas y Gutiérrez, que destaca frente a una buena novillada de Cebada Gago.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Soraya Sanz

En Villaseca de la Sagra parecen despistados hasta que llega uno que dice algo, y entonces la gente reacciona al unísono. O sea, un pueblo con fama de “torista” al que le encanta ver torear con gusto. Hoy, otro mexicano más nuevo que Diego San Román, pero también con muy buen corte, ha gustado muchísimo frente a dos novillos bastante distintos, lo cual aumenta el valor de su completa actuación.
Porque su primero, bravo, fue al caballo hasta tres veces con fijeza y luego embistió con alegría, repitiendo con su punto de nervio, para que el espigado novillero lo toreara con quietud, el pecho por delante y pasándoselo cerca. Pero a la entrega de su toreo añadió un ramalazo estético que lo dota de una personalidad especial. Héctor torea engallado y gustándose, todavía un poquito tenso, pero sintiendo lo que hace. Su faena tuvo momentos excelentes, sobre todo al natural, fusionándose la casta del novillo y la belleza de su tauromaquia. Al utrero le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre, en mi opinión de forma excesiva; y a Héctor, una sola oreja, creo que injustamente, pues su faena y la estocada eran de dos. Se la pidieron en el sexto, pero no la concedieron, y creo que aquí el presidente estuvo bien. La espada se le había ido a los bajos después de lancear de manera magnífica y de construir una faena otra vez con muy buen aire, pero además serena y valiente, frente a un animal claramente a menos al que entendió de maravilla, sacándole en la distancia corta todo lo que tuvo.
El lote más completo de la tarde se lo llevó Jorge Isiegas, que cortó una oreja pero que mereció también más. A su primero, noble y dejando mucho estar, le hizo una faena seria, de mucha entrega y bien rubricada con la espada, pero el presidente no quiso atender la petición, que fue mayoritaria, creyéndose que estábamos en Madrid o yo qué sé. Sí se la dio en el cuarto, un utrero de gran clase y temple, al que toreó con la misma entrega, pero ahora con más largura y despaciosidad, con fases magníficas especialmente por naturales. Me extrañó, sin embargo, verlo tan esforzado con un novillo de tanta calidad y suavidad, aunque supongo que sería por las propias ganas de triunfar. Más relajado aún hubiese estado mejor. La espada, en todo lo alto pero muy vertical, hizo poco daño y tuvo que descabellar un par de veces. Quizá ahí perdiera la segunda oreja.
Se fue de vacío, en cambio, Aquilino Girón. Su primero fue el novillo más molesto pero el quinto me pareció bastante toreable. El año pasado me impresionó por su valor seco frente a la novillada de Monteviejo, pero ya por aquel entonces eran evidentes sus carencias estéticas y técnicas. Un año después no le he visto evolución técnica ni estética, y su valor ya no parece el mismo. Su voluntariosa tarde, con puntazo incluido tras entrar a matar al segundo de su lote, dejó poco margen para la esperanza. El tiempo, no obstante, tendrá la última palabra.

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