Menu

Blog y Reportajes. No pierdas detalles.

POLITIZACIÓN

(OPINIÓN)

Por Álvaro Acevedo

En el año 2015, un exhaustivo informe publicado en Cuadernos de Tauromaquia y firmado por el doctor en Economía y Profesor de Teoría Económica de la Universidad de Badajoz, Juan Medina, señalaba que, en 2013, 24 millones de personas asistieron a espectáculos taurinos, por 11,1 millones que fueron al teatro y 10,7 millones a películas de cine español, quedando muy por detrás actividades como la danza o la ópera. El estudio era amplísimo, pero concluía con las cifras del IVA recaudado por el Estado (en millones de euros): 59,31 en festejos taurinos; 35,42 en teatro; 31,18 en música popular; 14,47 en cine español; 7,87 en música clásica; 4,8 en ópera y zarzuela; y 2,13 en danza.

Pasado algo más de un lustro, en 2019 los Presupuestos Generales del Estado destinaban 100 millones de euros al cine español; 52 millones al teatro; 102 millones para música y danza; y (ejem, ejem) 65.000 euros a la tauromaquia, lo cual nos sitúa frente a una lamentable evidencia: seis años después, los políticos siguen cachondeándose de nosotros.

Por eso no es de extrañar que en el pasado Consejo de Ministros, las medidas de apoyo específico al sector taurino fueran absolutamente inexistentes, toda vez que en esta ocasión coincidieran dos circunstancias terribles: por un lado, el ninguneo enquistado de los políticos con la tauromaquia; y por otro, la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno, lo cual hacía absolutamente inviable cualquier tipo de partida económica de ayuda específica a la Fiesta a través de un Decreto Ley que los podemitas iban a tumbar, y por el que los socialistas, evidentemente, no iban a pelear.

Quizá ya sea tarde para recordar el por qué, durante varias décadas, los mandamases del negocio taurino han mantenido una relación de escasa legitimidad moral con el Gobierno de turno a costa de la Fiesta, cuando las vacas eran más gordas y los toros no iban al matadero. O sea, pliegos de condiciones con cánones desorbitados que en realidad convertían el asunto en una subasta encubierta, a cambio de unos condicionantes tales como la experiencia en plazas de primera categoría, que cerraban el paso a nuevos competidores. Así, los oligarcas de la cosa se fueron haciendo con todas las plazas, con todos los toreros y hasta con todas las ganaderías, provocando un desequilibrio brutal en la interacción de los distintos agentes del Toreo; y generando una relación de dependencia penosísima, para qué vamos a engañarnos: la práctica totalidad de ganaderos, toreros, empresarios de plazas modestas e incluso nosotros, los periodistas, teníamos que echarnos en manos de los cuatro mandarines del cotarro si pretendíamos medio vivir de esto. Los mismos gerifaltes que –como a ellos les iba bien– jamás pelearon para que la Fiesta no tuviera un trato tan escandalosamente discriminatorio con respecto a otras actividades culturales o deportivas. Esos mismos que (ahora) pretenden una autorregulación en la que, por supuesto, ellos marcarían las directrices.

Llegados a este punto en el que la ruina ya es para todos, el papel de la FTL me parece de una importancia capital. Las 37 medidas presentadas al Ministerio de Cultura –ahora sí, en tiempo, forma y con argumentos –son fruto de un trabajo profesional de primer orden, y aunque con las ayudas específicas al sector nos sucede como con las vacunas, que las necesitamos para ya, si les dejamos trabajar a la vez que permanecemos vigilantes, posiblemente alcancen logros pendientes desde tiempos inmemoriales.  De igual modo, para que su papel como primer lobby de la historia de la Fiesta tenga credibilidad dentro del sector, la FTL deberá evitar cualquier tipo de injerencia con pretensiones espurias por parte de los personajes oscuros que han movido los hilos de este negocio durante demasiados años.

Por delante tienen un panorama dantesco, con un mastodóntico lobby animalista que extiende sus tentáculos de sandeces sin el menor atisbo de decencia y con el apoyo de multitud de medios de comunicación. Y todo ello, dentro de un país arruinado y regido por un Gobierno antitaurino que antepone sus delirios ideológicos –como tristemente se ha demostrado– a cualquier circunstancia, por prioritaria que sea. Lo último que han hecho ha sido permitir todo tipo de actividades deportivas no profesionales que no requieran contacto con terceros… exceptuando la caza y la pesca.

Estamos en una guerra y enfrente están los enemigos, aunque algunas almas cándidas todavía hablen de no politizar la Fiesta…

 

 

Las cookies nos permiten mejorar nuestros servicios. ¿Aceptas el uso que hacemos de las cookies?. Más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Contenido protegido