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¡QUITEN SUS MANOS DEL TOREO!

(OPINIÓN)

Por Paco March / Foto: Archivo Cuadernos de Tauromaquia

Sólo faltaba el 2 de mayo. Sí, ese día “emblemático” -como gustan decir los cursis-  sólo 48 horas antes  de unas elecciones, las madrileñas, que unos y otros, unas y otras, unes y otres, han convertido en (casi) nacionales. Para ello no han dudado en echar mano de un discurso guerracivilista, esas dos Españas que hielan el corazón y que el paso del tiempo y la voluntad democrática parecían haber arrinconado. Pero no. Y ahí,  la fiesta de los toros les sirve como arma arrojadiza.

Unos se apropian de ella y los otros pretenden su desaparición. No es nuevo, pero jamás lo fue de forma tan clamorosa. Digámoslo claro, por si alguien aún se confunde: la derecha es (sic) taurina; la izquierda es (sic) antitaurina. Y así las cosas, ocurre lo que ocurre.

Y sucede (si de la cita electoral madrileña hablamos) que el líder de Podemos mete su cuña antitaurina en el debate entre candidatos. Pasa también que la Comunidad de Madrid -bajo mando del Partido Popular- que no ha visto un pitón desde la Feria de Otoño de 2019, organiza un Festival Benéfico ¿a beneficio de qué o quién?,  en Las Ventas y con las figuras para ¡oh casualidad ! dos días antes de la fecha electoral. Y también pasa que la candidata de Vox se va de capea con Morante y los medios de comunicación -los taurinos para aplaudir, los otros para denunciar-  le dan al asunto un trato de puerta grande. Añádase a ello que la Junta Electoral ha dado luz verde a que el mitin final de campaña de VOX se celebre en la explanada venteña justo al acabar el mencionado Festival, creándose así una aglomeración de personas que no parece recomendable tal como están las cosas sanitarias.

Pero volvamos a ese guerracivilismo más que latente. En la España de la Guerra Civil, dividida geográfica, militar, social e ideológicamente, se continuaron dando festejos taurinos. En Zona Roja, muchos de ellos de carácter benéfico, los toreros saludaban puño en alto al finalizar el paseíllo y en el Palco se acomodaban las autoridades republicanas, tanto del lugar como llegadas para la ocasión. Muy conocida es la foto de Lluis Companys, Presidente de la Generalitat, en un palco de la Maestranza, pero quizás menos que el 16 de agosto de 1936, el propio  Companys presidió en La Monumental barcelonesa el primer festejo  tras el estallido de la sublevación fascista. Antes del inicio la banda de música interpretó , entre otras piezas, La Santa Espina, El Himno de Riego, La Internacional y Els Segadors, coreados en pie por el gentío que llenaba el coso. Y, al término del paseíllo, tanto los matadores, Pedrucho de Eibar, Curro Caro, Juan Luis de la Rosa,  Morenito de Valencia, Suárez Merino y  Farón, como sus cuadrillas,  saludaron puño en alto. Y tanto en Barcelona (ese mismo año hubo otro festival para celebrar el desembarco de víveres llegado en un barco ruso y en el que intervinieron nada menos que El Gallo, Fernando Domínguez y Fuentes Bejarano) como en Madrid, Valencia (Domingo Ortega a hombros de los milicianos y antes de torear en Dax y cambiar de bando)  y otras, se produjeron circunstancias similares.

Como también, desde el lado de los sublevados. Caso de Manuel  Bienvenida, quien en octubre del 36 toreó en La Maestranza con una muleta en la que escribió, bien visible, viva España y con un brindis al general Queipo de Llano del que me abstengo en el comentario: “Tengo el gusto de brindarle la muerte de este toro al salvador de España, general Queipo de Llano y para que se mueran de rabia los hijos de la Pasionaria”.

Pero estamos en 2021 y no puede ser que la historia se repita. No puede España, no podemos los españoles, regresar a un pasado del que aún quedan cicatrices pero que creíamos superado. En el memorable monólogo final de la maravillosa “Solos en la Madrugada” (1981) del gran Garci, el personaje interpretado por el no menos enorme José Sacristán, dice: “No podemos pasarnos otros cuarenta años hablando de los cuarenta años”.

Ahora, otros cuarenta años después, parece que derechas e izquierdas o como coño quieran llamarse, se empeñan en tapar sus vergüenzas y miserias con toda clase de artimañas. Y han tomado por asalto al toreo. No les dejemos.

¡Quiten sus (sucias) manos del toreo!

 

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