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RECUERDOS DE LA SAGRA

Por Álvaro Acevedo / Foto: José Luis Cárdenas

Las tierras toledanas me traen buenos recuerdos. En ellas lidié mis primeros becerros y cobré mi primer zorzal, mi primera perdiz, mi primer conejo y mi primera liebre, todos ellos abatidos ilegalmente, pues tenía 11 años. Hay gilipollas que aseguran que la caza y los toros tienen efectos nocivos en las mentes de los niños convirtiéndolos en potenciales psicópatas, aunque en mi caso puede que algo de eso haya según opinan mis enemigos. Pese a todo, el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra me invitó a moderar unas charlas, la primera con Paco Camino y la otra, con Pepe Luis Segura. Fui, y luego aproveché para ver la corrida de Illescas. He aquí mis conclusiones.

EL MILAGRO ESTÁ EN VILLASECA

En Villaseca de la Sagra hubo cinco jornadas taurinas organizadas de manera excepcional, a las que acudieron diariamente unas 300 personas que llenaron el salón de actos. Esto supone la sexta parte de su población total, 1.800 habitantes. Ya en la Feria del Alfarero de Oro hubo una novillada en la que se puso en cartel de “no hay billetes” en una plaza con aforo para 2.800 personas. De un pueblo en el que sólo había afición por los festejos populares se ha obrado el milagro a base de trabajo, pasión e inteligencia. Al frente de las operaciones Jesús Hijosa, un alcalde honesto, sin complejos e incansable. O sea, un buen espejo para taurinos que llevan varios lustros echándole las culpas al empedrado.

ESCUCHAR A LOS VIEJOS

Ahora no sé, pero cuando yo era un chaval, escuchar a un torero viejo era un regalo que había que aprovechar. Me cuentan que fueron maravillosas las intervenciones de Luis Francisco Esplá y Pepe Luis Vargas. Este periodista no olvidará jamás la charla con Paco Camino, ni tampoco la que tuve con un portentoso Pepe Luis Segura. En el salón, cada noche, se hizo el silencio absoluto durante hora y media para escuchar a los maestros, pero el día de Paco Camino no vi a ningún novillero ni a ningún matador de toros, salvo a Esaú Fernández. Una pena: hubieran aprendido muchas cosas como, por ejemplo, que menos crossfit y más muñequeo. Ya se lo advirtió Curro Romero a Jesulín hace mucho tiempo tentando en lo de Jandilla, cuando el de Ubrique le ofreció una bebida isotónica. “¿Maestro, quiere usted un poco de Isostar?”. “No hijo, mejor dame tinto para las muñecas…”.

EL APODERADO, EN VÍAS DE EXTINCIÓN

Que Pepe Luis Segura esté sin torero es una buena muestra de cómo el sistema (eso que dicen que no existe los mismos periodistas que viven de él) está aniquilando la figura del apoderado independiente, con los terribles efectos colaterales que ello supone. La claridad con la que se explicó Pepe Luis en las jornadas de Villaseca fue demoledora, y nos recordó lo que de verdad es el auténtico taurino de toda la vida, ese hombre cuya profesionalidad, afición y experiencia le permitía tener un profundo conocimiento del Toreo, y ponerlo al servicio de su poderdante. Magnífico estratega, de trato exquisito, pero a la vez con mucha personalidad y carácter, gran motivador y antiguo matador de toros con ocho cornadas en su cuerpo, Segura reunía el perfil ideal para triunfar como representante de toreros, y desde luego que así fue. Pero eran otros tiempos… mejores que estos. “¿Apoderaría usted a Talavante el año que viene?”. “El año que viene, y ahora mismo”, contestó Pepe Luis.

ILLESCAS: OPORTUNIDAD PERDIDA.

En Illescas hubo un incontestable éxito económico para un espectáculo de discreto nivel artístico, por mucho que un presidente de pañuelo fácil obsequiara a los alternantes con varias orejillas. La sensación general al salir de la plaza era de moderada decepción, y cuando eso sucede a plaza llena y con la expectación por las nubes, significa que hemos perdido una oportunidad. Roca Rey arrolló ante toros que a su lado eran poca cosa; Morante dibujó, muy despacio, muletazos sueltos para el recuerdo y terminó irritando al personal por entrar a pinchar, en vez de a matar; y Castella, en dos faenas interminables, no hizo olvidar a Manzanares precisamente. Y por supuesto, la corrida de José Vázquez transmitió menos emoción que una partida de dominó. La cosa, la verdad, se hizo larga…

El ideólogo del asunto, Maximino Pérez, fue capaz de vender todas las entradas dos meses antes de la cita, y para eso, aparte de conformar un gran cartel, hay que trabajar en la promoción del espectáculo con muchas ganas y mucha inteligencia. Pero el reconocimiento a su excelente labor no impide que debamos apuntar algunas cosas negativas. La fundamental, que una vez conocida la baja de Manzanares, tuvo incluso la ocasión de mejorar la terna, en vez de empeorarla. Sucede que contratar (o pretender hacerlo) a Diego Urdiales por 18.000 euros con el «no hay billetes» puesto es una falta de sentido común. Y de respeto, tan útil en cualquier circunstancia de la vida.

 

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