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¡OH, LÀ LÀ, ADA COLAU!

(OPINIÓN)

Por Paco March 

Según informa El Periódico de Catalunya (de reconocida línea editorial antitaurina) hace unos días las señora Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se personó en la Asamblea Nacional Francesa para clamar por la prohibición de los toros en Francia, como ya se hizo en Catalunya y que -ya saben- el Tribunal Constitucional tumbó. Colau viajó a París a reclamo de la Francia Insumisa, esa extrema izquierda de Melenchón que todo lo emponzoña, y participó en una de las sesiones previas a la votación, el próximo día 24, de la proposición de Ley presentada por un diputado de dicha formación política que pretende la abolición taurina en territorio francés.

El esquema es un calco de lo ocurrido en el Parlament de Catalunya en enero de 2010, aunque todo apunta –ojalá– a que el resultado será muy distinto y la tauromaquia podrá seguir gozando de buena salud tanto en el sudoeste como en el sudeste francés, de Mont de Marsan a Nîmes, de Dax a Arles, de Bayona o Vic Fezensac a Beziers o Ceret, entre otras muchas.

En aquel inicio de 2010, el Parlament acogió a voces reconocidas a favor y en contra de los toros, con ausencias significativas entre las filas taurinas y los distintos argumentos sólo sirvieron para dar una pátina de legitimismo democrático a una partida ya decidida de antemano por la política, de una parte, la de los prohibicionistas, y la dejación por la otra, la de los taurinos.

Pero –decíamos– se barrunta que esta vez la libertad y la cultura ganarán la batalla al totalitarismo. Y si así sucede será, muy principalmente, por la movilización de todo el sector taurino francés y sus alianzas con el medio rural, que también se ve amenazado. Una movilización que cuenta, además, con el apoyo activo y beligerante del Observatorio Nacional de Culturas Taurinas, con André Viard al frente y de la UVTF (Unión de Villas Taurinas FraNcesas), en la que están representadas, con sus alcaldes y alcaldesas, de izquierdas y derechas, todas las poblaciones con tradición taurina y que, tras la derogación en 2016 de lo aprobado en 2011, ya no quedan bajo el paraguas de la declaración de tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial.

A la espera de lo que suceda la próxima semana en la sede de la soberanía nacional francesa, volvamos a la ínclita Colau…

La señora Colau, tan satisfecha de su desempeño como alcaldesa de una Barcelona en la que apenas se reconoce a la ciudad que fue, ha ido a París para explicarles a los franceses que sin corridas de toros, Barcelona es el paraíso. Un paraíso que –Colau dixit– empezó a vislumbrase en 2004 con aquella declaración surrealista de “Barcelona, ciudad contraria a las corridas de toros” tras votación de república bananera en el Ayuntamiento y a la que en semanas posteriores se sumaron buen número de municipios catalanes que no han visto un toro y un torero en toda su historia.

En su información El Periódico de Catalunya cita textualmente las palabras de Colau en su argumentario (sic) contra los toros. “ Las ciudades no quieren ser escenario de violencia, de crueldad, de sufrimiento y de muerte”.

Ajá…

Uno, si tuviera posibles, invitaría a los parlamentarios franceses a pasar un par de días en Barcelona para que comprobaran con sus propios ojos y en sus propias carnes en que se ha convertido aquella ciudad que Don Quijote definió como “archivo de cortesía”. Colau, fiel a sí misma, también tuvo tiempo de comparar los toros con la violencia machista como –dijo– “cosas tradicionales de nuestra cultura” después de explicar que “durante mucho tiempo hemos escuchado que los toros formaban parte de nuestra cultura y de nuestras tradiciones. Afortunadamente las tradiciones y la cultura evolucionan y se actualizan”. Y, ya rizando el rizo, concluye en su red social de telegram que” el balance de estos 18 años de prohibición de los toros en Barcelona es un éxito”.

En su (habitual) delirio, Ada Colau habla de un tiempo y de una prohibición que no son tales. La antes mencionada declaración de “Barcelona ciudad contraria a las corridas de toros, es cierto que fue en 2004 pero no pasó de un brindis al sol, una boutade, pues carecía de cualquier trascendencia administrativa y prueba de ello es que la Monumental continuó dando toros hasta la entrada en vigor de la prohibición del Parlament el 1 de enero de 2012, una prohibición derogada por el TC en 2016. Otra cosa es que Balañá se llame andana.

Colau ha ido a París para explicarles que el toreo no es grandeza sino violencia y que acabando con él todo será mejor. Colau ha ido a Francia, el país de la “igualdad, libertad, fraternidad” y les ha puesto como ejemplo de convivencia una ciudad, en la que ella es la mandamás, en la que muchos sus vecinos claman, como Paco Martínez Soria, que ya no es para ellos, sino para los ciclistas, los patinetes, el mercadeo de la droga, el meódromo callejero, las ratas de cloaca que salen a pasear cual turistas en Plaza Catalunya, los jabalíes que campan a sus anchas entre los columpios infantiles… Eso, más y peor, es la Barcelona sin toros.

El 24 de noviembre Francia volverá a ganar la batalla de la libertad, mientras Colau…¡oh, là là, la Colau!
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