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YA NO HAY LOCOS , EN ESPAÑA YA NO HAY LOCOS

(OBITUARIO)

Por Paco March

(A Jesús Quintero)

“Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos ya no hay locos,
ya no hay locos, en España ya no hay locos.
Se murió aquel manchego,
Aquel estrafalario fantasma del desierto.
Ya no hay locos, ya no hay locos,
Ya no hay locos, amigos ya no hay locos.
Todo el mundo está cuerdo
Terrible, horriblemente cuerdo”
(León Felipe).

 

Instalada la locura en el vivir cotidiano, se echará en falta la cordura de un perro verde que hizo del silencio palabras. Jesús Quintero ha hecho mutis para siempre y en el aire quedan todas las respuestas.

Cuando Quintero asomó su voz y sus silencios (también el humo de sus cigarrillos presentidos) a las madrugadas de una España que empezaba a despertar, algo empezó a cambiar en el lenguaje. Primero fue en la radio; después, en la televisión. Con él, frente a él y su micrófono dorado, estuvieron estrellas y mendigos, presidentes y presidiarios (algunos, intercambiables), izas y zascandiles, cantantes y toreros, “risitas” desdentados y colmillos de oro. Y en esos frente a frente, mirada contra mirada, silencio contra palabras, transcurría -acaso sin darnos cuenta- la historia de España del último medio siglo.

Jesús Quintero, el loco más cuerdo y viceversa, puso (en diferentes formatos y diversos títulos) a un país frente al espejo y la imagen que devolvía, acaso sin pretenderlo, era el abigarrado mosaico de sus grandezas y miserias. Esas que también le acompañaron a él hasta el final. Y en esa locura de Quintero, el mundo del toro tuvo especial relevancia. Memorable fue la entrevista (sic) en “Los ratones coloraos” con Gabriela Ortega, sobrina de Joselito el Gallo, recitadora de flamenco:

“Uno, dos y tres
Tres banderilleros en el redondel
Sin las banderillas, tres banderilleros
Solo tres monteras, tras los burladeros”.

Curro Romero, El Pana, Manzanares, Ojeda, Rivera Ordóñez, Talavante, Morante… hablaron con Jesús Quintero, porque Jesús Quintero , entre silencio y silencio, entre calada y calada al cigarrillo, hablaba y escuchaba. Escuchaba como nadie ha escuchado porque lo suyo no eran entrevistas, eran una invitación a hablar si motivo había para ello y, si no, para eso está el silencio.

Y ahora que se ha ido, esos silencios retumban sin encontrar respuestas. Razón tenía el poeta: Ya no hay locos, en España ya no hay locos. Y así nos va…

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