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EL TÚNEL DEL TIEMPO

(FERIA DE VILLASECA DE LA SAGRA)

Triunfo a la antigua de Francisco Montero frente a la difícil novillada de Monteviejo.

Por Álvaro Acevedo / Foto: José Luis Cárdenas

Se llenó la plaza para ver la de Monteviejo. Por la mañana estuve en el encierro y luego en el apartado, con el pueblo viviendo el toro desde las 8 de la mañana. Jesús Hijosa, el alcalde de Villaseca de la Sagra, departía con los mozos, ayudaba en los corrales y atendía a peñas que venían de Francia. No llevaba corbata, sino una camisa a cuadros de camionero. Mañana vuelvo a Sevilla, la cuna del toreo, pero en su provincia se dan menos de la mitad de novilladas picadas que en este lugar de la Sagra de 1.800 habitantes.

La de Monteviejo, si no es berrenda, se hubiera calificado como mala. O sea, que si es berrenda, también. El primer espada, José Cabrera, está verde y le cuesta, y más con estos novillos a la contra. No seré yo quien emita un veredicto, y menos en un día como éste. Vi más capaz a Cristóbal Reyes, que es bajito y fuerte de piernas, pero que tiene valor para esperar embestidas inciertas. Así, tiró con temple de su primer enemigo, que tuvo un recorrido corto. Y se jugó la vida, sin aspavientos, frente al difícil quinto, en una labor de aguante y técnica, de gran mérito, mal vendida, poco reconocida. Muy bien, torero.

Justo lo contrario le sucedió a Francisco Montero, que parece un novillero de los años sesenta: autodidacta, estrambótico, gesticulante, rudimentario, mal vestido… pero con personalidad. Su primero, bonito de cara, tuvo fuerza, humillación y peligro. El sexto, grande y silleto, apuntó nobleza sin romper de verdad a bueno. Más listo que el hambre, Francisco le pegó muchos pases a los toros y todavía más al público. Transmitió su arrojo, su entrega, su ambición, su ruina, sus agallas, su supuesta locura. Y se metió a la gente en el bolsillo como si estuviera en una capea y pasara luego el capote. Pero además toreó quieto y a veces hasta templado. Y se tiró a matar o a morir. Cortó dos orejas y las paseó como lo que en ese momento era, el hombre más feliz del mundo. El pueblo llano proclamó a Francisco Montero triunfador moral del ciclo. Larga vida al Alfarero de Oro.

 

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