Menu

Blog y Reportajes. No pierdas detalles.

ENRIQUE PATÓN, TAURINO AMPURDANÉS

(OBITUARIO)

Artículo publicado en ‘La Vanguardia’

Por Paco March 

La Catalunya taurina no se explica sin las plazas de toros de Girona, Olot, Figueres, Sant Feliu de Guíxols o Lloret de Mar y de ellas sólo se mantiene -aunque cerrada al toreo, claro- la de la capital de la Garrotxa, levantada al pie de un volcán. Y en Figueres, capital del Alt Ampurdá, nació en 1943 Enrique Patón, que ha fallecido este viernes en Barcelona, dejando su huella en la historia del toreo, tanto como matador de toros, como también empresario y apoderado.

Hijo de un mozo de espadas y sobrino de un banderillero, su debut en los ruedos, en 1959, fue en la plaza de toros de Manresa anunciándose en la parte seria de un espectáculo cómico-taurino. Compaginando los estudios de bachillerato con la vocación (junto a Roberto Espinosa, luego compañero de batallas, frecuentó la Escuela Taurina que en Barcelona tenía el eibarrés Pedrucho), en 1965, en Sant Feliu de Guíxols, toreó por primera vez como novillero con caballos y esa misma temporada se presentaba en Las Ventas. Sumó varios contratos ese año y el siguiente, lo que le abrió las puertas a la alternativa, que llegó el 3 de septiembre de 1967, en La Monumental nada menos que de manos de Chamaco, Paquirri como testigo y el rejoneador Álvaro Domecq abriendo cartel. ‘Rodajito’, de Manuel Arranz, se llamaba el toro de la ceremonia. Siguieron temporadas con pocos paseíllos y la confirmación de doctorado en Las Ventas llegó en septiembre de 1970.

Hasta su retirada, Patón no toreó gran número de festejos y la mayoría fueron ante ganaderías duras, dejando siempre la impronta de su contrastado valor, lo que le valió el reconocimiento de los aficionados, que vieron sobrecogidos la terrible cornada que sufrió en La Monumental el 19 de octubre de 1975 cuando, al intentar torear de frente por detrás, un toro del Conde de la Maza le infirió una cornada en el triángulo Scarpa, con desgarro de la arteria femoral profunda, de la que las sabias y milagrosas manos del doctor Olivé Millet libraron de un fatal desenlace.

El 25 de septiembre de 1977, Feria de la Mercè, después de reaparecer en Palma de Mallorca en julio del año anterior y torear una decena de festejos, quien fuera su primer apoderado, Manuel Martín, le cortó la coleta en La Monumental (donde llegó a torear treinta tardes, de las cien en que lo hizo en distintas plazas, incluidas las de Figueres, Sant Feliu de Guíxols y Tarragona) en presencia de Joaquín Bernadó y Dámaso González, diciendo así adiós al traje de luces pero iniciando una larga trayectoria en los despachos, como empresario y apoderado (Emilio Muñoz, Dámaso González, Matías Tejela y el malogrado Manolo Montoliú, entre otros).

Enrique Patón, en solitario o formando sociedad con Simón Casas o Roberto Espinosa, estuvo al frente de cosos tan importantes como Valencia y Zaragoza, también Vinaroz, pero sin duda el vínculo más fructífero y duradero fue con el coso de Castellón. Entre 1994 y 2013, primero con Casas y Espinosa como socios y después con el local Juan Miguel Torres, Patón hizo de la Feria de la Magdalena -por calendario, una de las primeras del año- referente de la temporada española. Carteles que combinaban el gusto torista de las gentes de La Plana (los bous al carrer son seña de identidad) con las figuras del momento, por el coso del Paseo Ribalta pasaron las principales figuras y las ganaderías de mayor reconocimiento (Victorino como referente).

Si la tramontana imprime carácter a las gentes del Ampurdà, el de Patón, que toreó en alguna ocasión ante Dalí, se manifestaba en un trato siempre cordial, socarrón y su presencia en los callejones de las plazas de toros se echará en falta.

¡Quién sabe qué hubiera ocurrido si, en su momento, Balañá hubiera dicho sí a su propuesta -junto a Simón Casas- de tomar las riendas de La Monumental !

Las cookies nos permiten mejorar nuestros servicios. ¿Aceptas el uso que hacemos de las cookies?. Más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Contenido protegido