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ESTRADA NO ES (ANTI) TAURINO

Por Álvaro Acevedo

Un recién llegado, Juan Carlos Estrada, ha dejado en evidencia con los carteles de Antequera a los mandamases del toreo, un grupito de (anti) taurinos en constante e insaciable búsqueda del abaratamiento del producto a costa de la pérdida de calidad del espectáculo y de la desilusión galopante del público. A Juan Carlos le ha sido muy sencillo: simplemente, ha antepuesto los intereses de los aficionados a los de los (anti) taurinos, que es justo lo contrario de lo que sucede hoy en día en el 90 por ciento de los carteles que organizan los caciques del negocio.

¿Que cómo lo hacen? También es muy fácil: poniendo sobre la mesa con un descaro escandaloso la baraja de toreros y plazas que ellos o sus adláteres manejan, en un trapicheo de mercadillo de pueblo donde lo mismo da uno que otro si el paquete completo reduce los costes y las comisiones se quedan en los bolsillos del oligopolio. (De lo que tienen que hacer luego los toreros para que les salgan las cuentas, si quieren hablamos otro día).

Al margen de una brillante apuesta cultural que parte incluso del lugar escogido para la presentación de los carteles, lo que se ha hecho en Antequera ha sido pensar en el aficionado, algo que dejará de suceder en cuanto Juan Carlos Estrada se meta a comisionista de toreros, o quede fagocitado por el mexicano de turno, o se deje embaucar por el Antonio Matilla también de turno: o sea, cuando se convierta en un (anti) taurino más.

Pero como Estrada no lo es, en Antequera, por ejemplo, se van a ver las caras las dos jóvenes figuras más importantes del momento, Roca Rey y Ginés Marín, algo que no sucede en Sevilla, plaza explotada por el apoderado de Roca Rey, Ramón Valencia; ni tampoco en Valencia ni en Madrid, dos plazas regentadas por el nuevo aliado del apoderado de Roca Rey, Simón Casas. La unión Valencia-Casas, por lo visto, tenía como objetivo potenciar todos los vectores de desarrollo de la Tauromaquia priorizando el fomento de la calidad y la protección de los nuevos valores”, y no sé cuántas cosas más que ni ellos mismos se creen.

Como Estrada no es un (anti)  taurino, en Antequera sí torearán Morante y El Juli, cosa que no hicieron en Las Fallas y ya veremos en la Feria de Julio. Y en Antequera, con tres corridas de toros, El Juli toreará las mismas tardes que en San Isidro, que tiene treinta. Y como no es un (anti) taurino, en Antequera, el señor Estrada ha sido capaz de confeccionar tres carteles con sentido, con buen gusto, con un argumento lógico, cada uno con una filosofía propia. Tres carteles sin intrusos:

En el primero, una figura histórica y dos jóvenes con cualidades para llegar a serlo anuncian una competencia brutal, de las de verdad, en una tarde que amenaza con ser un bombazo de principio a fin. En el segundo, el sabor de un viejo maestro, el clasicismo de un genio excepcional y la elegancia de un gran torero representan un perfecto muestrario de la belleza del toreo por tres palos diferentes. Es el cartel del Arte. Y en el último, una terna de jóvenes fuera de los tentáculos del poder y, curiosamente, de enorme atractivo para los aficionados, conforman una combinación preciosa, inaudita, una bendita locura antisistema en estos tiempos de vulgaridad y más de lo mismo.

En definitiva, tres combinaciones que han provocado (no hay más que darse una vuelta por las redes sociales) toda la ilusión y esperanza que son incapaces de generar los mastodontes que manejan, y de camino arrasan, la tauromaquia de nuestros días. Sin ellos, la Fiesta estaría a salvo.

 

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