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FAUNA MAESTRANTE

Ha muerto Pedrito. Para muchos no tenía apellido y, para algunos, ni siquiera nombre, pero era parte de la fauna de la Maestranza, ese ecosistema que es como cualquier otro, porque desaparece una especie y no sabemos si vendrá otra a ocupar su lugar. A Pedro he de agradecerle el beso más largo que me dieron (y lo que vino detrás), pero los detalles de la historia los guardo para los íntimos.

Hoy, en el día en el que nos ha dejado, comparto con vosotros (y con permiso de su autor) las palabras que pronunció Santi Herrero hace ahora diez años, con motivo del homenaje que unos aficionados sevillanos le dieron a este Pedro Pablo Mije Mezquita en el Restaurante Donald, y no llegaba y no llegaba, y él se había ido al McDonald… Un homenaje que tuvo poco de broma y bastante de cariño: tanto, que una década después varios de estos aficionados seguían preocupándose de que a Pedrito no le faltase de nada. La foto es del que mejor ha inmortalizado ese ecosistema maestrante, Antonio Delgado Roig.

Por lo que a mí me tocó -nunca mejor dicho- gracias Pedro. Y que Dios te guarde un rincón por la Grada 8 del Cielo.

A Pedro Pablo Mije Mezquita

Por Santi Herrero. Foto: Antonio Delgado Roig

«Hoy, como es tradicional en los viernes de preferia, nos reunimos en el marco de la tertulia taurina itinerante y lo hacemos para continuar rindiendo homenaje a personas integrantes de eso que se ha venido en llamar según nuestro secretario como “Taurineo Menor”. Creo que taurino menor es todo aquel medio profesional o aficionado que se mueve en torno a la Fiesta y es protagonista, bien de tareas menores en festejos mayores; o bien de cualquier tipo de tarea en festejos menores y muy menores.  

Éste que les habla ha sido un orgulloso taurino menor y como me gusta recordar he sido ayuda de mozo de espadas en novilladas sin caballos, he vendido entradas del Bombero Torero; he regado el inmenso ruedo de Campofrío con una manguerita; he conducido un Lada Niva con altavoces anunciando un festejo en Ayamonte; y, por supuesto, en lo alto de un camión de Ellauri he tratado de poner divisas. 

Pero permitidme que haga un poquito de historia:

En los albores de los 90, en la grada 8 de la Maestranza de Sevilla, se puso en marcha lo que se denominó como Grada Joven. Se trataba de una acción de fomento de la Fiesta mediante abonos con precios populares para jóvenes aficionados. Allí nos encontrábamos muchos de los presentes y precisamente allí fue donde conocimos a nuestro invitado de hoy, Pedro Pablo Mije Mezquita, más conocido en los últimos tiempos como «Pedrito Taurino».

En esos años, en la Maestranza, había tantas entradas de servicio como en taquilla. Si recordáis, lo habitual era que las escaleras de los tendidos estuvieran llenas y en los vomitorios de las grada no cabía un alma. Con 14 ó 15 años, un par de años antes de tener un abono en la Grada 8, Fila 5 número 12, solía asistir puntualmente con entradas de servicio que me facilitaba mi primo Javi –Achucarro del Porvenir– que era amigo de Ángel Luis León, a la sazón hijo de Tomás León, por aquel entonces Presidente de la Plaza. Ya veis: primo del amigo del hijo de uno de los Presidentes… Casi todos los días había entradas, de sol, por supuesto, y con una de ellas solía situarme en uno de los accesos a la Grada 8, que era la primera en la que daba la sombra; y en la lucha por un hueco para poder ver la corrida en aquellos vomitorios conocí a Pedrito. 

Yo solía usar una técnica consistente en ponerme de charleta con la señora de los caramelos y botijo que había en la salida de la grada (hoy sita en la Grada 5, por cierto. Voy preparando placa para el año que viene). Cuando entendía que había entrado todo el mundo, en un rápido movimiento muelle me situaba en una ladito del vomitorio y de puntillas y con cabeza girada al lado contrario de la columna de turno, pues veía la corrida. A día de hoy aún no consigo entender como me aficioné a esto… 

La técnica de Pedro era diferente. Él llegaba habitualmente algo tarde, imagino que vendría de ayudar a meter chismes. Perfectamente vestido de traje y abrigado en cualquier época del año, con su radio en perfecto estado de revista, se asomaba y tomaba en instantes de segundo sus decisiones. Un pie en la fila 2, otro en la fila 6. Manos agarradas en los laterales, y cuello apoyado en forma de contrapeso en la trasera del vomitorio. Cual funambulista Pedro se adaptaba a la arquitectura del vomitorio para que, por debajo de su agradable pernera, pudieran pasar el resto de aficionados: desde el bombónheladovitaminadoporelmédicomandado hasta el del cubanini, coca, fanta, coca, mendrassaladas… ¿Qué habrá sido de todos ellos? (Cuántos homenajes tenemos pendientes, Ignacio…).

En las tardes de expectación, en aquellas grandes luchas por el espacio, nos conocimos y Pedro siempre salió victorioso, ésa es la verdad. Pero había otro Pedro, era el Pedro de las novilladas. Pongámonos en el papel. Grada 8, novillada en junio, un cuarto de plaza y Pedrito habiendo dejando las labores de hombre araña de lado pero sin querer ocupar una localidad. Allí impertérrito en el vomitorio, de pie, sol en la cara, damart thermolactil, camisa de villela, corbata de lana, chaleco pelotillero, chaqueta de paño y auriculares en forma de arco sobre la cabeza con sus esponjitas naranjas. 

De esta guisa y domingo tras domingo, paliaba por aquellos tiempos la inexistencia del teléfono móvil y nos iba informando puntualmente de las incidencias deportivas más reseñables: «penalti en Murcia; gol anulado al Hércules; han expulsado a uno del Gijón; en Elche se está liando»…

Rara vez daba una información interesante, ésa es la verdad, Pedro. Los goles del Sevilla, del Betis o del Madrid solían venirle a su radio con cierto retraso, ya que otro compañero de batalla, el amigo Faíco, que se fue sin placa,  era mucho más selectivo que Pedro en el noticiario. Un gol de Polster en el Sevilla cantado por Faíco era contrarrestado con una amarilla por protestar a Abadía del Logroñés. Pedro tenía especial fijación con el Hércules. Recuerdo una novillada de esas pesadísimas en un domingo al que al Hércules le metieron 6 ó 7 goles. Pedro nos los fue radiando todos uno a uno y tanto a tanto vimos cómo se iba sumiendo en una profunda tristeza. Él era y es muy de Rico Pérez… Nunca terminaremos de agradecerle la tranquilidad con la que asistía uno a los toros sabiendo que iba a estar puntualmente informado de la jornada de fútbol. 

Fuera ya de su faceta de vocacional informador deportivo, Pedro es un gran aficionado a la Fiesta. Fiel seguidor de toda la dinastía chiclanera de los Oliva se considera un emilioolivista convencido. Hace poco nos relataba cómo estando él sentado en primera fila de barrera del 3 (para ver a Oliva se cuidaba) el propio Emilio le brindó un toro con unas emocionantes palabras que hicieron que Pedro siguiera toda la faena con la montera puesta. Ese mismo día, 6 de septiembre del 83, iba en su cuadrilla el eficaz rehiletero Jaime Bermejo. Metido en tablas y con las banderillas en la mano se disponía a poner un par de dentro hacia fuera cuando desde el 3 y ya despojado de montera se escuchó a Pedro: “pónselas al quiebro, Bermejo!”. Jaime lo miró, llamó al toro en típico saltito de pies juntos y se las puso en todo lo alto. En la salida del embroque miró a Pedro, según el mismo nos relata, y le dijo la ya conocida frase “tú si que sabes de toros, chaval”.

Mínimas anécdotas para el recorrido taurino que Pedro lleva por todo el Arenal. Porque el taurinaje menor es una actividad de temporada. Normalmente comienza en primavera y finaliza después de San Miguel. Eso, unido a lo limitado de los ingresos, provoca habitualmente que el taurino menor sea persona dedicada a múltiples menesteres. Las tareas alternativas Pedro las ha enfocado por lo eclesiástico. El mundo de las cofradías siempre lo ha llamado y desde hace años colabora como aguador en hermandades que tengan como requisitos el ser de barrio, de capa y de más de 10 horas de recorrido. No lo dice, pero es más de paso de misterio que de palio y de entre los misterios no soporta los alegóricos. He sabido que le ofrecieron una fortuna por los ensayos de la Trinidad y, pidiéndole perdón al San Joaquín del paso, rehusó la oferta.  

La sevillana tarea del pegado de cartel de cultos de cofradía por las puertas de los distintos templos también es otra actividad de la que es asiduo. Hemos sabido que esta Cuaresma ha pegado más de 500 carteles del quinario del Despojado. Son números que no nos salen y sospechamos que hasta en la puerta de Comisiones Obreras en la calle Trajano ha caído alguno. Es de justicia mencionar, en este punto, el malestar de los presentes con la autora del cuadro que le regalaron en el Despojo y que le fue dedicado A Manuel Mije, en lugar de a Pedro Mije.  

Después de este recorrido sólo me queda agradecer a los presentes sus asistencia y a Pedro por regalarnos su amistad. Aunque él no lo sepa y, como me recordaba Antonio Garzón no hace mucho, es uno de esos personajes que desde siempre han configurado la historia de Sevilla. Un romántico dedicado a tareas menores que, hechas con amor y dedicación, engrandecen nuestras costumbres y nuestras aficiones. Pido a todos que, desde el cariño y no desde la chufla que habitualmente gastamos con él, le demos un fuerte aplauso a nuestro homenajeado y que reciba de nuestra parte este azulejo conmemorativo y lo que lo acompaña». 

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