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PRO MONUMENTO PEDRO SÁNCHEZ

(OPINIÓN)

Por Álvaro Acevedo

El populismo se transforma en tiranía una vez que se instala en el poder y sus desmanes provocan la indignación del pueblo, al que hay que controlar tras haberse caído del guindo. Llegados a cierto punto de abuso, esa estrategia de eslóganes y demagogia ya solo sirve para engatusar a tontos de baba que se toman la política como el fútbol. Usted es bético y yo, sevillista, y eso no es capaz de cambiarlo Blas Piñar ni Pablo Iglesias.

Es entonces cuando este sujeto, el otrora paladín de la igualdad y los derechos sociales que abominaba de las viviendas de lujo y de los privilegios de “la casta”, que defendía los escraches más virulentos, y que flirteaba con el mundo pro etarra mientras denigraba a las Fuerzas del Orden, “al servicio de los ricos”, decía, se vale ahora de la Guardia Civil para acordonar la manzana del chalet de 2.300 m2 de parcela donde habita, y así evitar que “la gente” (hoy convertida en peligrosas hordas fascistas) ose interrumpir su merecido descanso a última hora de la tarde, no sin antes invitar sibilinamente a sus muchachos a que hagan lo mismo con miembros de la oposición. A partir de este detalle, de qué no puede ser capaz semejante peligro público…

En efecto, a Pablo Iglesias le molesta el ruido de las cacerolas del mismo modo que le incomoda la tauromaquia, y acostumbrado a derramar odio y demagogia a partes iguales, ha tenido tiempo de manifestarlo, miles de muertos después. No toros, sino personas. Es de sobra conocida la influencia de Unidas Podemos –un partido que decide en España con treinta y pocos escaños– en la ausencia absoluta de medidas del Gobierno en favor de la Tauromaquia, lo cual puede provocar la debacle en un sector históricamente ninguneado por el poder político, que ha ejercido su saqueo impositivo sobre la Fiesta a cambio, en el mejor de los casos, de irrisorias limosnas.

No conforme con ello, la situación actual adquiere tintes criminales desde punto y hora en que, de lo general, se pasa a lo particular. La psicopatía es un trastorno mental que, entre otras cosas, impide al que la padece discernir entre el bien el mal. Si, por el contrario, se es consciente y, pese a ello, por ejemplo, un Gobierno se vale de vericuetos burocráticos y artimañas telemáticas para que centenares de familias de trabajadores del toro pasen hambre, entonces no hay patología que valga, y sí mucho hijo de puta suelto. ¿Qué será lo próximo, marcarnos con un hexagrama como hacían los nazis con la comunidad judía?

Los que me conocen saben mi convicción acerca de la inutilidad de adoptar actitudes pusilánimes frente a pulsiones autoritarias, y al hilo de ello contemplo como una gran noticia el paso adelante del mundo del toro, que, tras una primera fase de paciencia, buenas formas y vanos intentos de diálogo, ha comprendido que frente a un enemigo que no quiere negociar, solo cabe la rendición o la lucha.

Pese a todo soy optimista, pues ante un escenario de semejantes características, pero con UNIDAS PODEMOS en la oposición, España, literalmente, ardería en llamas. O lo que es lo mismo, las revueltas populares serían el primer paso para que la ultraizquierda fuese la opción política más votada en unas inminentes elecciones, antes de final de año. Por fortuna, la traición a sus propios votantes del irresponsable que reside en la Moncloa lo ha impedido, y su alianza con aquellos con los que, aseguraba, nadie dormiría tranquilo en este país, ha evitado un futuro todavía más catastrófico, no ya para los toros, sino para toda España.

Un día escribí por aquí que la Fiesta podría salvarse porque Pedro Sánchez era capaz de destrozar su partido incluso antes que a la tauromaquia, y la criatura va camino de ello. Promovamos un monumento a este gran hombre de Estado…

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