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VA A SER DE LA CALÓ

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Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez

El calor bochornoso que hizo en Sevilla puede que afectara a las neuronas del personal. ¡Aprende, Morante!, gritó un infiel mientras Manzanares se colocaba (de forma horripilante, por cierto), para torear con la derecha. Luego, frente a un buen toro, bravo y alegre, pegó dos naturales lentos y catorce docenas de banderazos, méritos suficientes para regalarle una oreja (más) de no ser porque la espada hizo justicia y Josemari pinchó. El alicantino, errático, tenso y veloz, no fue ni de lejos el que vi en Illescas, pero el amor que le profesa la Maestranza empieza a ser ya incluso sospechoso.
Morante, por fortuna, no ha de padecer ese empalagamiento de la facción cursi (por llamarla de alguna manera) de la afición sevillana. Hizo, sin toros con la pujanza exigible, lo mejor de la tarde con abismal diferencia. Unos lances a pies juntos y media de ensueño en un quite al toro de Roca Rey, que respondió con gaoneras novilleriles más aplaudidas que el cante bueno del de la Puebla. También por efecto de la caló el público se conmovió con sendos quites por chicuelinas, a cual más ligero y voluntarioso, de Manzanares y del propio Roca Rey, mientras que los naturales de Morante al cuarto, un toro noble y tardo, se examinaron con lupa. Y me parece bien, pero me resultó curioso: sin hacer nada del otro mundo, la colocación, la templanza, el ajuste y el trazo del sevillano, su toreo, en definitiva, estuvo a una distancia sideral del de sus rivales. Del engarrotamiento de Manzanares y del valeroso atolondramiento de Roca Rey. Pero nada: no se enteró ni la mitad de la cuadrilla.
Tampoco se enteran los taurinos y autoridades de que el toro fuera de tipo y pasado de romana es normal que no embista. Pero son tan malísimos aficionados, tienen tan pésimo gusto, que de una camada de cien toros de una ganadería soberbia y a principios de temporada, son incapaces de seleccionar media docena de animales parejos, armónicos y con hechuras de embestir. Y puede que a algunos de estos taurinos incluso les interese que de seis embista uno y medio, como así fue. No olviden que, si los toros embisten, es cuando de verdad los toreros grandes marcan la diferencia. Y mientras más triunfos, más complicaciones en los despachos. No descarten nada: hay mucho malvado suelto.

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