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ZALDUENDO ESTÁ EN PELIGRO

Por Álvaro Acevedo

Después de dos horas largas de fiasco hemos de concluir que la ganadería de Zalduendo está en peligro. Uno, desde la ignorancia, no sabe si será el manejo, la selección, los piensos o el sursum corda, pero la corrida, ni por hechuras, ni por bravura, ni por clase, ni por raza, ni por estilo hubo por dónde cogerla. O sea, una mierda con todas las letras.
¿Qué hacer frente a semejantes inútiles?  Por ejemplo, justificarse, que es en lo que se enfrascaron Manzanares y Roca Rey a base de sendas faenas sin un puñetero pase para el recuerdo. No fue culpa de ellos: torear era imposible.  La gente les aplaudió con la misma voluntad con la que los matadores cumplieron con su trabajo, nunca mejor dicho. Y al final, hasta le dieron una oreja a Roca Rey antes de huir de la plaza, que era lo que de verdad les apetecía. Muchos se fueron, eso hay que reconocerlo, absolutamente descansados tras desahogarse con Morante. ¿Qué hizo el genio de la Puebla?  Pues aparte de permitir (otra vez) que la corrida de Juan Pedro la maten otros y él mientras tragarse semejante basura, Morante se comportó con la honestidad que requería la situación.  O sea, dibujó los únicos naturales dignos de tal nombre frente a su primero; y abrevió al comprobar las nefastas intenciones del cuarto. Por ello hubo improperios, exabruptos y hasta fervientes deseos de que el toro le pegara una cornada por parte de algunos individuos que, como digo, llegaron a casa liberados de tensiones. Qué gran labor social cumple, a veces, el ciudadano José Antonio Morante Camacho…

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