(OPINIÓN)
Por Álvaro Acevedo / Foto: Lances Maestranza
La Sevilla taurina ha cambiado mucho. Dos mil personas se congregaron en un lugar feísimo para la presentación de unos carteles que ya conocían. Siendo esto inquietante, lo verdaderamente grave fue que, de antemano, sabían también que en vez de chocos fritos les iban a obsequiar con dos raciones de saltimbanquis.
A don José María Garzón le gusta, pero yo no acabo de ver claro lo de los números circenses para una cosa de toros a no ser que las coreografías estén ambientadas en la temática taurina, que no fue el caso. Una vez montó un pollo de narices en el Gran Teatro de Córdoba. Cantó Manuel Lombo, actuaron los trapecistas y luego cuando descubrió el serial, resulta que había una corrida de toros, otra mixta y una novillada con caballos. “Mucho arroz para tan poco pollo” fui a titular mi artículo de aquella otra gala, pero me enredé en la noche cordobesa y ya lo dejé pasar.
Conste que nada tengo en contra de estas exhibiciones. Les doy su mérito y más ahora, que un pinzamiento en la escápula me imposibilita incluso para hacer el salto del tigre. Pero tengan en cuenta que estos escorzos, contorsiones y brincos yo los veo perpetrar en muchas plazas con un toro delante, y ni así me convencen. Al hilo de ello, anunciados están en la Feria de Sevilla algunos toreros -y rejoneadores- muy duchos en este tipo de piruetas, lo digo por si tuvieran ustedes la desgracia de contemplarlas en la Maestranza y, resultándoles familiares, no atinaran a saber dónde las habían visto antes. Pues sí amigos, en la gala.
Yo no sé por qué le llaman “gala” a este tipo de cosas -qué nombre más cursi- pero en cualquier caso, la de Sevilla le dio mil vueltas a la de Madrid. Sosita, pero con todo el mundo en su sitio, sin ningunear a nadie. Y el bombo, los halagos y el baño de multitudes para Garzón, que para eso era el verdadero protagonista -y anfitrión- del evento. Con lo que le costó aquello hubiera habido hasta para pagarle a Diego Ventura.
Pese a todo, entre ambas galas hubo similitudes curiosas: el alcalde de Madrid había recordado el otro día a Miguel Ángel “Moncholí”, con tilde en la “i”; mientras que Jorge Paradela, Consejero de Industria, Energía y Minas, se equivocó en el apellido al nombrar a Juanma Lamet, magnífico por cierto en su papel de copresentador de la gala junto a la embarazadísima y feliz Victoria Collantes. Las vueltas que da la vida: el mismo Paradela que ocupaba un alto cargo como presidente de la Fundación Cruzcampo cuando ésta retiró para siempre la publicidad de los toros; comparece al cabo de los años en un acto taurino representando a la Junta de Andalucía. Como suscriptores de esta web, no os acostaréis ningún día sin saber una cosita más…
Aparte de Garzón, el otro triunfador de la noche fue Mariano el del Donald, toda vez que acabado el acto allí no aparecieron ni unos chochos (altramuces, en lenguaje no traumático) que llevarse a la boca. Así las cosas, y con la Bodeguita Antonio Romero cerrada como cada lunes por descanso del personal; y el Casanova de Espartinas demasiado lejos de aquella pasarela de vanidades, en el Donald se congregó todo el glamour de la gala incluyéndome a mí y a Morante (el burro siempre por delante). Comimos y bebimos todo lo que nos dio tiempo, y de allí salimos a las tantas creyendo ya que Pepe Garzón venía a salvar el toreo.
De regreso a casa volví sin embargo a mis cabales, recordando cómo en la época de don Ramón Valencia la presentación de los carteles concluía con un tapeo buenísimo costeado por supuesto por los maestrantes. Y mucho antes, en la época del (todavía de momento) muy añorado don Diodoro Canorea, éste apaciguaba a la Prensa con un ágape colosal en el restaurante Río Grande para dar a conocer los carteles de la Feria; al igual que José Luis Pereda recibía a los periodistas con una sensacional mariscada mientras les daba un paseo por la ría de Huelva, justo en la víspera de Las Colombinas.
Si tendré mala suerte en la vida, que fue aterrizar yo en este mundo del periodismo y se acabaron las comilonas en uno y otro sitio, de manera que no viví aquellos encuentros en los que algún compañero incluso se aventó de tanto jamar. En descargo de Garzón, y a diferencia de su homónimo Rafa García Garrido en Madrid, he de reconocer que al menos la gala de marras no ha servido como subterfugio para evitar la rueda de prensa en la que deberá dar la cara ante la Prensa, anunciada para mañana mismo en un hotel de Sevilla. Eso sí, el muy truhan la ha programado para las 11: 30 horas antes del meridiano, de tal modo que cuando acabe aquello no serán horas ni de tomarse una cervecita con unas patatas de bolsa. Sevillanos, el croquetaje ha muerto.















































